El Consumismo en la Era Moderna: ¿Hasta Cuándo Pagaremos por Vivir?
- Sevastian Marquez
- 20 feb
- 3 Min. de lectura
Por Duban Gomez, Director de Radio Rebel

Vivimos en un mundo donde todo tiene un precio. La tecnología avanza a pasos agigantados, las grandes empresas expanden sus dominios, la educación se digitaliza, la política se vuelve más corporativa y la salud, que debería ser un derecho, se convierte en un servicio con múltiples tarifas. Todo se vende, todo se renta, todo se monetiza. Y mientras más avanzamos, más evidente se hace que cada aspecto de nuestra vida tiene una etiqueta con un código de barras.

El fenómeno del consumismo no es nuevo, pero ha alcanzado niveles insospechados. Ya no basta con tener un teléfono, ahora es necesario cambiarlo cada año para estar al día con la última innovación. Ya no se trata de adquirir software, sino de pagar suscripciones mensuales para acceder a herramientas esenciales para el trabajo o el entretenimiento. La educación también ha sido absorbida por esta lógica, donde los cursos, los diplomados y hasta las certificaciones más básicas requieren pagos recurrentes. Tener conocimiento ya no basta, hay que pagar por demostrarlo.
La Mercantilización de la Vida

Las empresas han comprendido que la mejor manera de garantizar ingresos constantes no es vendiéndonos productos, sino atándonos a un plan. Desde los servicios de streaming hasta el acceso a la información, todo está basado en suscripciones. Antes, comprabas un libro y era tuyo para siempre; hoy, pagas por acceder a una biblioteca digital que puede desaparecer cuando la empresa decida cambiar sus políticas. Antes, la televisión era un gasto fijo; hoy, necesitas varias plataformas para acceder a un contenido fragmentado en múltiples servicios.

El sistema político y económico tampoco se queda atrás. La privatización de los recursos básicos es un claro ejemplo de cómo el dinero se ha vuelto el centro de todo. En algunos países, el acceso al agua potable, a la salud y hasta a la seguridad depende del tamaño de la billetera. Y en el ámbito laboral, el trabajo remoto, que prometía mayor flexibilidad, ha generado una dependencia extrema de plataformas que exigen tarifas para mantener la productividad. La famosa frase "de algo hay que vivir" ha tomado un significado más agresivo: "si no pagas, no existes".
Salud, Ciencia y el Costo de la Vida

En el campo de la salud, lo que debería ser un derecho humano se ha convertido en una industria de altos costos. Medicamentos vitales tienen precios exorbitantes, hospitales operan bajo modelos de negocio y las aseguradoras filtran quién merece atención médica y quién no. La ciencia, a su vez, no escapa de esta dinámica: investigaciones financiadas por grandes corporaciones priorizan lo rentable antes que lo necesario. ¿Cuántos avances médicos se han quedado en laboratorios porque no generan suficientes ganancias?

Incluso la naturaleza se ha convertido en un bien con tarifa. ¿Te has dado cuenta de que en algunos lugares del mundo ya se paga por respirar aire puro? Parques naturales cobran entrada, algunas ciudades venden "derechos de emisión de carbono" y la contaminación es un problema que se soluciona con dinero. La pregunta es inevitable: ¿cuánto falta para que respirar tenga un plan premium?

La Resistencia es Necesaria
No se trata de estar en contra de la tecnología o el progreso, sino de cuestionar los límites del consumo desmedido. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestra libertad económica en nombre de la comodidad? Las alternativas existen: fomentar el consumo responsable, apoyar modelos colaborativos, exigir regulaciones que protejan los derechos básicos y, sobre todo, resistir la idea de que todo en la vida tiene que pasar por una caja registradora.
Porque si seguimos por este camino, quizás llegue un día en el que, efectivamente, nos cobren por el aire que respiramos.
Super de acuerdo!!